El acusado, de 71 años, permanecerá detenido 10 días mientras se investiga por privación ilegítima de la libertad y abandono de personas. Toda la familia será sometida a evaluaciones psiquiátricas. El caso se descubrió por la denuncia de los vecinos.

Un hombre de 71 años, que se presenta como bioquímico, quedó en prisión preventiva por 10 días acusado de mantener secuestrados a su pareja y a sus tres hijos, de 19, 17 y 13 años, en una vivienda de Esquel.
El caso salió a la luz tras la denuncia de una vecina que escuchó pedidos de auxilio y alertó a la Policía. Al mediodía de este viernes, el acusado fue trasladado desde la Comisaría 1ª de Esquel a Tribunales para la audiencia de control de detención, conducida por el juez José Luis Ennis. La Fiscalía tendrá 6 meses para investigar y presentar la acusación formal.
La imputación inicial es por privación ilegítima de la libertad y abandono de personas. A pedido de la defensa, se realizó una audiencia de revisión ante dos jueces de Comodoro Rivadavia. En los próximos días se tomarán testimonios, se harán pericias y otras diligencias.
En conferencia de prensa, la procuradora fiscal Cecilia Bagnato informó que la mujer y los tres jóvenes fueron derivados al área de Salud Mental del Hospital Zonal para una urgente evaluación psicológica y psiquiátrica, medida que también se aplicó al detenido.
Ante la conmoción en la comunidad, la fiscal pidió prudencia y difundir solo información oficial para preservar la identidad de las víctimas.
El detenido declaró ante la Justicia y su testimonio será evaluado. También se verificará si efectivamente tiene formación médica, ya que afirmó dedicarse a preparar «productos naturales». Deberá corroborarse su trayectoria profesional y laboral, así como su salud mental para determinar si era consciente de sus actos.
«Menciona la situación como un poco naturalizada, pero eso dependerá del examen psiquiátrico para ver si hubo intencionalidad, porque corresponde probar si hay dolo», explicó Bagnato.
En la causa también interviene el Servicio de Protección de Derechos del municipio, mientras que la Policía Comunitaria ya entrevistó a vecinos del barrio.
La funcionaria Mónica Caveri detalló que los vecinos venían denunciando gritos nocturnos, ventanas siempre tapadas y adolescentes que nunca salían de la casa. El 10 de octubre, una vecina se presentó en la comisaría para alertar sobre esas conductas.
Según los testimonios, las ventanas estaban permanentemente cubiertas con telas o papeles, la actividad en la casa era solo nocturna y jamás se veía salir a los tres hijos. Durante la madrugada se escuchaban gritos desesperados y manifestaciones incoherentes de la mujer.
«Los vecinos manifestaron su preocupación porque había menores en el interior que no salían, ni siquiera para ir a la escuela, no tenían actividad diurna ni compartían con otros chicos del vecindario», señaló Caveri.
Tras la denuncia, la Policía derivó las actuaciones al Juzgado de Familia, que envió al Equipo Técnico Interdisciplinario al domicilio. El padre atendió a los profesionales, pero se negó a dejarlos ingresar y a permitirles hablar con su familia.
«El equipo se constituyó en el domicilio y fue atendido por el propietario, quien no permitió el acceso ni la entrevista al grupo familiar. Ese informe fue parte del fundamento para pedir el allanamiento», explicó Caveri.
Ante el informe que advertía un «riesgo inminente», la Fiscalía inició de oficio una investigación y solicitó una orden de allanamiento de urgencia.
El operativo incluyó a la Brigada de Investigaciones, Policía Comunitaria, el Servicio de Protección de Derechos, profesionales de Salud Mental del Hospital de Esquel y peritos médicos.
«Estábamos en el lugar y escuchamos que la señora hizo unas manifestaciones que motivaron el ingreso», relató Caveri.
Dentro de la vivienda, descripta como una casa grande y desordenada, se constató una situación de extrema vulnerabilidad. Había heladeras con comida en buen estado y otra podrida. El estado de salud de la familia y la escolarización de los jóvenes aún son materia de investigación. Uno de los chicos se negó a irse sin su mascota.
«Me parece perfecto que los vecinos se involucren. Si escuchás a una mujer gritando de noche, no sabés si necesita auxilio o si tiene un problema de salud, pero hay que avisar a la comisaría o llamar al 101. El compromiso de la comunidad en estos casos siempre es importante», concluyó Bagnato
