Yamil Domínguez fue descubierto en 2016 en el aeropuerto de Trelew cuando intentaba viajar a Ushuaia con droga oculta en su calzado. Huyó antes del juicio y fue detenido el mes pasado en Salta, cuando intentaba cruzar a Bolivia. Aceptó su culpa y recibió 2 años de prisión condicional por actuar como partícipe secundario.

El 26 de enero de 2016, alrededor de las 9 de la mañana, la Policía de Seguridad Aeroportuaria controlaba a los pasajeros del vuelo 1896 de Aerolíneas Argentinas, con destino a Ushuaia, en el Aeropuerto Almirante Zar de Trelew.
En plena fila de preembarque, un hombre presentó su documento y su pasaje, pero en lugar de avanzar se dirigió rápidamente al baño. La actitud sospechosa alertó a un oficial, que lo siguió y lo encontró manipulando su calzado. Fue identificado como Yamil Domínguez.
Casi al mismo tiempo, otro efectivo advirtió que una joven pareja también había abandonado la fila de forma abrupta. Los interceptó en la confitería del aeropuerto: eran Adrián Fasento y Daniela Fernanda Galeano Calvo. Al igual que Domínguez, viajaban sin equipaje.
El escáner reveló el ardid: los tres ocultaban cocaína pura en las plantillas de sus zapatillas Nike, envuelta en nylon para simular parte del calzado.
Galeano Calvo llevaba 348 gramos en la zapatilla derecha y 354 en la izquierda. Domínguez transportaba 350 gramos en la izquierda y 369 en la derecha.
El procedimiento no fue casual. Por entonces regía una alerta por el uso de “mulas” en los vuelos hacia el sur y la PSA extremaba los controles, obligando a todos los pasajeros a pasar el calzado por el escáner.
Rutas judiciales distintas
Mientras la causa avanzaba, los tres imputados tuvieron suertes diferentes. En octubre de 2024, Fasento —señalado como el organizador— fue condenado a 4 años y 3 meses de prisión. Galeano Calvo accedió a una suspensión de juicio a prueba, con una reparación de $10.000 y 60 horas de trabajo comunitario.
Domínguez, en cambio, desapareció antes del juicio oral. En mayo de 2021 fue declarado en rebeldía al constatarse que ya no vivía en el domicilio que había fijado.
Recién el 8 de septiembre de este año se volvió a saber de él: Gendarmería Nacional lo detectó en Aguas Blancas, Salta, cuando intentaba salir del país por tierra hacia Bolivia.
En la audiencia posterior, el fiscal Teodoro Nürnberg pidió la prisión preventiva por el evidente riesgo de fuga. La defensa sostuvo que no hubo intento de escape —había presentado sus documentos en un paso habilitado— y que Domínguez vendía frutas y verduras y viajaba a comprar ropa usada para reventa. También alegó que se había presentado en el Juzgado Federal de Morón, pero que por la pandemia había perdido contacto con el expediente.
Las juezas Ana María D’Alessio y Eliana Ratta Rivas ordenaron su detención en una unidad federal: había cambiado de domicilio sin avisar, carecía de empleo formal y llevaba años fuera del alcance de la Justicia.
Juicio abreviado y pena leve
El 19 de octubre, Domínguez aceptó un juicio abreviado ante el juez Sebastián Pedro Ruiz, del Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia.
Su pena se atenuó porque se acreditó que no dirigía la maniobra, sino que actuaba bajo las órdenes de Fasento, quien lo acompañó al aeropuerto para supervisar el traslado, definía el alojamiento y organizaba los pagos.
Según el fallo, “Domínguez se limitó a cumplir las indicaciones en el traslado del estupefaciente de otro, quien dirigía la operación”.
Con 36 años, fue condenado a 2 años de prisión de ejecución condicional y multa de $10.000, más las costas, como partícipe secundario de transporte de estupefacientes.
Además deberá fijar residencia en Merlo, provincia de Buenos Aires, donde vive con su madre, presentarse cada dos meses ante la Justicia, no portar armas, abstenerse de consumir drogas o abusar del alcohol y no cometer nuevos delitos.
